Partí de Mina Clavero con las energías renovadas, además el paisaje sencillamente hermoso, Nono, una locura, Las Rabonas, pareciera poder tocar las Sierras con las manos, genera nostalgia y deseos de que mis seres queridos pudieran compartir y admirar conmigo estos lugares mágicos. Sigo y llego a Los Hornillos, aquí me topo con la Cuesta del Ciego, creo que así se llama, a bajarse de la bici y empujar, prácticamente no se puede estar parado erguido, te vas hacia atrás, pero una vez arriba se sigue pedaleando. Llego a Quebrada de los Pozos donde tenía alojamiento y por una u otra cosa decido seguir hacia Villa de las Rosas, para regresar por la tarde, pero veo que son todas bajadas, por lo que ya no volveré sobre mis pasos.

Llego e ingreso a conocer el Espacio Depurativo, día de ingresos motivo por el que no recibo mucha atención y vuelvo a la ruta, con la incertidumbre de donde dormir nuevamente, aquí ya se siente el frío un poco más y encima se nubla, amenazando lloviznar al menos. Sigo hasta la plaza, paso por la policía y me aventuro hasta los Bomberos Voluntarios que tenía marcado en la aplicación del mapa del celular, allí primero me dicen que el jefe vuelve a las 18, cosa que me acorta las opciones en caso negativo y voy hasta la esquina, mirando el celular para dirigirme hasta San Javier y me hacen señas desde el cuartel. Me dicen que puedo quedarme y respiro aliviado, anotan mis datos y no sólo me dicen que meta la bici con las cosas, sino que cuando les pregunto dónde armo la carpa me llevan arriba y muestran las instalaciones, cocina, baños, y una pieza que usan cdo vienen bomberos de afuera, todita para mí, bueno, y Chicote también que es el perro del cuartel. Luego de una ducha tibia ya que tenían calefón solar y no hubo mucho sol ese día, me siento renovado. Conozco a todos los que están en el cuartel, intercambiamos mates y luego de una cena rápida me desmayo en la cama, aunque sólo unas horas, cerca de la medianoche se escucha una tormenta, felizmente estoy calentito bajo techo, más que agradecido.

Al día siguiente, tenía que partir, solamente me dieron un día de permiso, llovía despacio, y estaba horrible el tiempo, pronosticaban que todo el día siga así, tuve que pedir permiso para quedarme un día más, ya que no podía pedalear así, más que por mojarme es por lo peligroso que se pone la ruta en esas condiciones.

Pasé el día mirando como practicaban los aspirantes colocándose los trajes estructurales y haciendo distintos ejercicios, me interioricé un poco en lo que significa ser Bombero y encima Voluntario, y capté como son una especie de gran familia, la verdad se respira solidaridad en estos lugares. Allí lo conozco a Atila, quien me comenta que al seguir mi viaje vaya al cuartel de San Javier (él vive entre Las Tapias y San Javier), allí sería más que bienvenido. Paso todo el día empapándome con todos temas de bomberos que hacen olvidarme un poco que ya cumplo este día un mes desde que salí de Resistencia, cosa que cuesta creer ya que se siente como si fuera hace mucho más tiempo que dejé mi ciudad. A dormir que mañana hay que seguir.

Muchísimo frío y niebla es lo único que se ve a menos de 100 mts en la calle, pero bueno, desayuno y alistar todo, decido partir e inauguro los guantes largos. En la ruta más neblina, prendo la luz trasera y freno antes de los 2 km para ponerme la campera impermeable, miro las mangas del polar, blancas, el rocío se congela, me abrigo bien y sigo, paso por el negocio del hermano de Atila y charlo con él, me muestra la huerta de orgánicos y la verdad un lugar muy lindo donde se nota el sacrificio que día a día hacen para tener buena mercadería. Me indican cómo llegar a una Finca cercana donde averiguo para hacer voluntariado en los meses de invierno, aún espero respuesta ya que vienen de todas partes del mundo y hay pocos cupos. Sigo unos metros y me detengo a tomar un mate, no se puede más del frío y lo mojado que estoy, de golpe veo cómo se va abriendo la neblina y desde el costado de la ruta al fondo diviso apenas una ciudad, debe ser San Javier estimo. A los pocos minutos, quedo deslumbrado, haciendo fuerza el sol, se va despejando y de no creer, las tremendas Sierras hacen un marco a la ciudad, sencillamente magnifica vista. Hacia adelante se ve una larga bajada, me abrigo bien y arranco el último tramo. Engañado visualmente lo que parecía una bajada es todo subida, sumado al sol que salió a pleno, hacen que me ría sólo de lo caprichoso del clima, salir con frío, lloviznando, totalmente abrigado, a estar a las dos horas con un cielo totalmente azul y pedaleando en remera mangas corta.

Sigo e ingreso al pueblo, rodeo la plaza, admiro la iglesia y sigo hasta la policía, allí doblo a la derecha y salgo de la ruta, una bajada pareja de tierra y piedras, que cuando la haga en sentido contrario va a ser recordada seguramente. Llego al cuartel, apoyo la bici en la entrada y voy ingresando, me reciben unos perros, y escucho ruido de cubiertos, miro la hora, 14:30, de un soleado sábado, me digo a mí mismo que llegue en el peor momento, el almuerzo, la mayoría en ese horario te dicen “no hay nadieee”, pero todo lo contrario, sale a recibirme José Luis, el jefe de bomberos, a quien le comento rápidamente de dónde vengo y a donde voy, y le pregunto para quedarme allí, amablemente me dice que pase, saca un plato, y luego de presentarme a todos los bomberos y aspirantes que estaban allí almorzando, me sientan y me sirvo una milanesas con arroz, dice José Luis “lo que hay en la mesa se comparte entre todos”, imagínense, era como llegar a un oasis, no recuerdo cuando fue la última vez que almorcé sentado y comida elaborada, a todo esto se suma que acto seguido meto la bici y me enseña una pieza en el fondo destinada a los viajeros, arriba del baño al lado del galpón de las autobombas.

La verdad que merece un párrafo aparte ésta casi semana que llevo aquí en el cuartel de San Javier, me hacen sentir uno más de esta hermosa cuasi familia que son, prácticas de los aspirantes, comidas y cenas compartidas, una tradición de las 17 hs el mate cocido (yerbiau) con pan, torta frita o lo que haya a mano, por supuesto que hay que colaborar en lo que sea, y también tengo que agregar una charla en una escuela primaria que acompañe a sacar fotos y filmar y una salida a buscar unas herramientas en el mismísimo camión autobomba, el sueño de todo niño, la verdad me sentía un niño de 10 años, y no podía creer las vueltas de la vida, pensando en que hacía yo allí arriba de un móvil de ese tipo y en éste lugar en el mundo rodeado de estas personas, que me trataban como si fuera alguien que conocían de hace mucho tiempo, no puedo más que agradecer infinitamente al jefe de bomberos José Luis y a todo el cuerpo (Faku, Jesu, Damián, Elías, Mariano, Rengo, Juan, Gordo, Pico e laucha, Mukombo, Bautista, ), que como son 40 dudo que llegue a conocerlos a todos en algún momento, pero quien dice, por ahí me quedo hasta el 2 de Junio que es su día y a lo mejor para los festejos vienen todos. Uno no comprende por qué en un pueblo tan pequeño son tantos bomberos, pero al conocer el manejo del jefe e ir conociéndolos uno por uno, vas comprendiendo lo especial que es el vínculo que se va formando y sinceramente estoy convencido de que el sólo hecho de haberlos conocido ya hace que definitivamente todo este viaje, esfuerzo y sacrificio hayan valido la pena.

Mientras tanto, a disfrutar, y compartir estos momentos con toda esta hermosa gente.

 

Hasta la próxima !!!