Los días pasan rápidamente, tener el filo aquí cerca esconde el sol hasta casi las 9:30 de la mañana, sumado a eso el frío que baja de la sierra hace casi imposible pensar en arrancar temprano. Con el ir y venir de los aspirantes menores, bomberos y gente en general se va pasando el día. Actividades hay para todo el mundo, y de a poco voy observando y aprendiendo atentamente cada una de las tareas que se van suscitando en el cuartel, por supuesto colaborando y hasta prestando atención en alguna que otra capacitación teórica o práctica de los aspirantes.

También hay lugar para el ocio, y es un domingo que nos levantamos un grupo temprano para acompañar a unos bomberos que vinieron de Merlo y subir caminando hasta el Puesto Ferreyra. Desde el pueblo son unos casi 7 km en dirección al filo, subiendo bastante por un sendero hacia la base de la ladera del Cerro Champaquí, el pico más alto de la provincia de Córdoba. Llevo mochila, cámaras, ropa, y alguna que otra cosa más, la cuestión es que a medida que entro en calor y voy metiendo la ropa en la mochila, me voy arrepintiendo lentamente de haber traído conmigo todo ese peso. Trato de no perderles el paso y seguirles el ritmo, cosa que me significaría estar 3 días después con los muslos contracturados costándome subir las escaleras y todo, pero en fin, se debe a que hace casi dos semanas no pedaleo y de caminar y encima en este tipo de cuestas con piedras sueltas y todo, no tengo recuerdo de cuándo habrá sido la última vez. Luego de 2 horas de caminata intensa e ininterrumpida llegamos al Puesto, se encuentra en una planicie al pie de la montaña, se siente como baja significativamente la temperatura, ya que los picos están cubiertos de nieve, espectáculo que venimos admirando desde casi el comienzo del sendero, magnificado por el sol que, gracias a Dios, es el único protagonista de un cielo totalmente azul fuerte durante todo el día. Allí nos reciben más que cordialmente Hernán y su señora, ya lo conocen a Jóse quien ya ha perdido la cuenta de las veces que ha subido e inclusive pasado la noche allí. Nos agasajan con mate, pan casero y un dulce/mermelada de damasco riquísima, luego nos comentaría José Luis que son unas personas más que atentas y que siempre atienden muy, pero muy bien a las personas que llegan hasta allí. Luego de unos ricos mates un grupo pasa detrás de la casa, cruzamos un alambrado y luego de un arroyo iniciamos una subida en una especie de quebrada hasta unas piedras, que recién la segunda vez que voy al Puesto logro dimensionar lo alto que se encontraban. Paramos a sacar fotos, las montañas parecen estar ahí encima nuestro, se las pueden tocar y aunque se elija la mejor cámara, nada se compara al ojo humano, y todo el contexto, nada de ruido, el calorcito del sol, el viento, sencillamente el combo perfecto. Al llegar a este conjunto de piedras ensayamos posturas y sacamos fotos, mirando más hacia arriba las montañas no terminan nunca, hacia el otro lado es lo más parecido a un balcón, se ve hacia abajo el pueblo, y hasta donde alcanza la vista pareciera ser la provincia de La Rioja, también claro está, la ciudad de Villa Dolores, Las Rosas, Las Tapias, El Dique del Embalse la Viña y Los Hornillos. Al regresar, hacía el Puesto, es todo bajada, y luego de otro par de mates saludamos y emprendemos el regreso, nos está esperando en el cuartel un espectacular guiso de lentejas. Se hace más amena y rápida la bajada y en medio camino tomamos otro sendero, que pasa por un arroyo, una arboleda y pedregal, saliendo a otro sendero muy pero muy pintoresco entre arboles que se convierte en asfalto sobre el ingreso al balneario y es allí donde Faku, uno de los chicos, se da cuenta que perdió el celular, teniendo que hacer el camino hacia atrás nuevamente, seguimos un tramo más y llegamos a la plaza y de allí al cuartel. No sentamos a almorzar y lo van a buscar al que faltaba, pero sin suerte, con las manos vacías, es recién a la tarde cuando llamamos a su numero y nos atiendo un señor cuidador de unas cabañas cercanas a donde lo perdió a el celular y se lo devolvió mas que amablemente en un noble gesto. De más esta decir lo sabroso que estuvo ese guiso, que al terminarlo fuimos y nos tiramos en unos colchones al solcito en el pasto y más de uno quedo rendido y a Bautista costo despertarlo inclusive, pero al final del día todos quedamos contentos con el paseo, yo más que contento, ya que luego de recordar nuevamente las imágenes y sensaciones de estar allí arriba, sentir esa conexión con las montañas, esa sensación de que a pesar de sentirme muy pequeño al lado de semejante obra de la naturaleza y de toda esa maza de piedra imponente, pareciera que se entabla una unión, que brinda paz, éxtasis, satisfacción y uno queda totalmente maravillado, es algo que me pasa cada vez que subo a una montaña, y espero poder seguir teniendo esa capacidad de admiración cada vez que vuelva a subir a una montaña nuevamente.

 

Hasta la próxima !!!