El salir de Merlo no fue mucho problema, los primeros km fueron con una leve pendiente en descenso hasta llegar a la zona de Cortaderas, aquí la ruta de la Costa se aproxima a las sierras y se hace más lindo el paisaje, pero en bici se sufre más, peor estando cargado, el primer día paso sin sobresaltos y renovando la felicidad de sentir el viento en la cara, en lugares que nunca habría imaginado llegar en bicicleta pasan las horas, pasan los pueblos y llego a Villa del Carmen, desde donde ya me quedaría a un buen trecho el siguiente pueblo por lo que entro al pueblo, averiguo y voy hasta el camping, cerrado, Comisaria, cerrada, iglesia, abierta, pero sin nadie en los alrededores, entonces me siento en la plaza y me hago unos mates, hasta las 17:30, hora prudencial para abrir la comisaria, pero permanece cerrada, preguntando llego a la casa del encargado del camping, la señora amablemente me avisa que vaya nomas, ella iba en un rato a abrirme y mostrarme las instalaciones, arme la carpa, ducha semi tibia, pero ducha al fin, una sopita con arroz y al sobre…… Hasta aquí todo en orden, pero…… me despierta el viento a las 4:30 de la mañana, muy muy fuerte, empieza el proceso de aguardar, levantar todo, a donde me resguardo, etc., etc….. Salgo de la carpa a las 5:50 y veo del sur casi donde terminan las Sierras una nube tremendamente negra que cubría todo el horizonte, decido iniciar operativo huida, llevo los dos primeros bolsos al baño y al volver hacia la carpa empiezan a avanzar nubes bajas tipo bancos de niebla y ya se comienzan a tapar las sierras, pronostico una ventana de media hora que me daría tiempo a resguardar y desarmar todo, pero apurándome y todo las ultimas cosas las agarre como pude y me metí al baño cuando ya se largó una llovizna que con el viento parecía un rociador gigante, a la hora se largaría el temporal que aun dentro del baño sentía el frio, pero gracias a dios estaba seco. La tormenta de rápido como vino, también se fue, pero el viento no paro, acomode todo, y opte por salir, cruce el pueblo, Salí a la ruta, avance 80 metros y el viento me movió para un lado, para el otro, sostuve el manubrio fuerte, me saco a la banquina, apoye los pies, y me seguía empujando hasta que me tiro al costado con bici y todo, impresionante…… Unos hombres que estaban revisando un transformador y torre de alumbrado vieron toda la escena y también fueron testigos de cómo di vuelta la bici, y con algo de viento a favor volví al pueblo, y pensando nuevamente en la logística volvía hacia el camping para meterme dentro del baño, único lugar resguardado algo del fuerte viento. Asi transcurrió el día, dormí ahí mismo y fue mucho el frio que hizo, ya al otro día se calmó un poco pero seguía frio y nublado, lo que hacía que la temperatura se sienta más. Y al final partí, rumbo a Juan Jorba, se empezaban a ver cómo iba desapareciendo las sierras, cambiaba el paisaje y se hacía más largas las lomadas, pero ahora el viento seria mi nuevo enemigo. Llegue al pueblo en plena siesta y no existían muchas opciones para pasar la noche y amablemente me cedieron lugar detrás de una estación de servicio sobre la ruta y descanse de un día de mucho pedaleo. Al día siguiente me tocaría acercarme a Villa Mercedes, cosa que no deseaba, pasar por ciudades grandes, solo rodearla por las circunvalaciones, más el viento me demoro hora y media de pedaleo, encarar la autopista y rogar tener buen viento de cola, cosa que no sucedería por varios días. Al llegar la tarde quede a 25 km de Buena Esperanza y tuve que armar la carpa al costado de la autopista, cosa que logre conseguir un lugar medio escondido pero como había muchas espinas opte por hacer vivac, cosa que alrededor de las 23 tuve que modificar por unos relámpagos que se venían y armar la carpa en la oscuridad y prepararme para una noche movida. Aparte del frio que pase y un auto que freno de madrugada y arrojaron una botella cerca de donde yo estaba y gritaron no sé qué cosa, no tuve mayores sobresaltos, claro está, me invadió la felicidad al salir de la carpa en medio del frio y encontrarme con la rueda de atrás totalmente desinflada. Relajadamente me tome mi tiempo y cambie la cámara, desarme la carpa y tuve que llevar todos los bolsos para armar la bici al costado de la ruta, y descubrí que no estaba cerca justamente. Partí a las 12 del mediodía, pedaleando con tranquilidad sabiendo que el próximo pueblo estaba cerca, allí acampe al costado de una casa detrás de una estación de servicio y empecé a sentir el viento que me iba a ayudar de a ratos. Al día siguiente también fue una corta etapa de pedaleo y ya acampe en Nueva Galia, también al frente de una estación de servicio, y pase un domingo más que relajado. Seria al partir al día siguiente que tuve que dirigirme hasta la planta purificadora de agua para recargar las botellas que llevaba conmigo ya que en toda esa zona el agua es muy salada y no aconsejan beberla. Pedaleando casi todo el día en solitario y de a ratos con viento en contra, entre al último tramo de la Provincia de San Luis y llegue cerca de las 18 al peaje de Anchorena, allí consulte si me convenía entrar allí o en Arizona que estaba unos km más adelante, a lo que Diego que trabajaba allí me sugiere que arme la carpa detrás del peaje, charlamos un buen rato y él se iría a jugar al futbol para volver cerca de las 21, me consulta amablemente si necesitaba algo, y le encargo un poco de pan solamente. Armo el campamento y me hago unos fideos, al volver Diego, ya que su señor cubría la guardia siguiente, no solo me trae pan, no me acepta que le pague y me obsequia dos paquetes de fideos, tres paquetes de galletitas saladas y un paquete de galletitas Fauna, la verdad un gesto gigante que me lleno de felicidad. Luego la noche me trataría mal nuevamente el viento se puso más fuerte y se largó la tormenta. Pero mi regocijo fue mayor aun cuando al otro día pasada las 10 de la mañana me envía un mensaje Diego que me iba a buscar las cosas en el auto y me llevaba a almorzar a la casa, que allí solo estaba mojándome y pasando frio. Yo lo seguí en la bici y me esperaba una polenta riquísima con salsa y carne, comida de hogar y siesta calentita, ducha tibia y cama calentita por la noche, sinceramente esas cosas que a uno lo alientan a seguir hacia adelante y nos avisan que aún quedan personas de un corazón inmenso en esta sociedad cada vez más voraz.
Al día siguiente debía partir, una vez que arme todo me despedí con un poco de tristeza y encare el tramo que me sacaría de San Luis para entrar a La Pampa, provincia de grandes distancias y mucho más desolada que las que venía pasando hasta ahora, pero ya les contare como me trato en el próximo post.

Hasta la próxima!!!