VIVICICLETEANDO

PEDALEANDO EL MUNDO

Category: Uncategorized (Page 1 of 3)

“Se hizo esperar, pero la Patagonia al fin llegó …”

Enseguida tuve que dejar un poco de lado las emociones que me generaba, no sólo estar en Bariloche una vez más, sino la manera, el vehículo y las circunstancias en las que arribé en esta oportunidad, con más razón se me llenaban los ojos de lágrimas, porque no fue tarea para nada sencilla. Lamentablemente las foto en el Centro Cívico y aledaños quedarán para otra vida, porque pase de largo y no creo que regrese, en fin, en la casa ciclista de Coco hay en el fondo una parte del terreno que tiene un domo muy grande, que aún le falta ultimar detalles de cerramiento y el baño, por lo que allí solamente duermen los viajeros, y utilizan el baño, cocina y living comedor de la casa principal, eso sí, hay que entrar sin zapatillas y ayudar a mantener el orden y la limpieza, cuestiones que un viajero conoce a la perfección. Aquí me encuentro con Taneli que es de Finlandia, hace Bikepacking y partió de su ciudad hace 3 años y medio, recorrio Europa, Asia e Indonesia, y llego en avión a Ushuaia hace unos 6 meses ya que trabajo en Tolhuín un tiempo en la panadería de la Casa Ciclista en esa ciudad, es delgado, habla muy poco español y prácticamente nos comunicamos en inglés, me cuenta entre algunas cosas que no viaja por rutas sino más bien por caminos vecinales o huellas, que logra explorar desde su iPhone por medio de una App llamada MapOut, que dicho sea de paso está muy pero muy buena, actualmente se quedó sin dinero por lo que está viendo qué posibilidad tiene de encontrar algunos sponsors para poder continuar su viaje con destino final Alaska. Cerca del anochecer llega del centro el amigo Honza, quien es de República Checa y hace un año que viene viajando aproximadamente, ronda los treinta y pico y habla menos español aún que Taneli, pero es más entusiasta y esa misma noche después de cenar nos mostró en su notebook fotos de su país y alrededores, al mismo tiempo que nos convidaba pasta frola que compró por la tarde, ya que al otro día seguía viaje hacia el sur. Esa noche hizo bastante frío y con mi bolsa de dormir que no es lo suficientemente abrigada aún con el Vivac, pase un poco de frío, y al día siguiente aproveche a lavar una muda de ropa y comunicarme con Gastón, un amigo del interior del Chaco que se fue a trabajar a El Bolsón y a quien visitaría en unos días, Coco me comento que debía ir a un curso a unos kilómetros de este pueblo asi que me vendría bien una ayudita. Aproveché a llevar a una bicicleteria mi bicicleta a ver si podía solucionar que un tornillo del porta equipaje que va al cuadro se me corto quedando la mitad del tornillo metido en el cuadro, cosa que lograron quitarlo, pero la rosca quedo mal y el tornillo no ajusta, se debe a que llevo demasiado peso, ya que el porta delantero de un lado se me corto el hierro junto a una costura de soldadura, pero eso lo voy a atender una vez que llegue a Cholila ya que me detendré unas semanas allí. Pasé el día admirando las montañas, el lago, respirar ese aire, tratar de darme cuenta de donde me encontraba, tantas ganas que tenía de caminar, andar en bici, recorrer, perderme en esos senderos, caminos, tapados de árboles y con subidas y bajadas constantemente, bueno, allí estaba, contentísimo y desbordaba felicidad, por fin La Patagonia. Al día siguiente cerca del mediodía subí la bici con todos mis bolsos a la camioneta de Coco, y partimos al Sur, nos acompañó Taneli, quien iba a pasear a El Bolsón, ni bien salimos de Bariloche empecé a emocionarme, Villa Catedral, el acceso a el Cerro Tronador, el Lago Gutiérrez, ese camino es mágico, esas montañas tan cerca, llenas de nieve, resguardadas por los lagos, cubiertas de bosque, sinceramente no recuerdo que hablaban en la camioneta, veníamos charlando en ingles asi que puse mi mente en castellano y me perdí unos minutos mirando al costado del camino, por un lado me entristecía no pedalear ese tramo, pero a su vez llegaría a Cholila que me esperaban hace una semana. Al llegar a El Bolsón armé la bici y fui a la Brigada de Incendios Forestales, consulte si recibían viajeros y podría quedarme esa noche y recibí negativas ahí como en el cuartel de Bomberos Voluntarios más al centro, un poco me lo imaginé debido a que es un pueblo de mucho tránsito de mochileros y viajeros, y no pueden estar alojando a medio mundo. Fui hasta casi el otro lado del pueblo a visitar a mi amigo Gastón y luego de una charla y mate poniéndonos al día y contándome de su nueva incursión laboral allí en El Bolsón, nos fuimos hasta la casa de su hermano, que amablemente acepto darme alojamiento esa noche en una pieza que tenía una cama de más, comimos unas pizas muy ricas, ducha calentita y a dormir que venía aún bastante cansado, y de paso aprovechar una cama calentita. Al otro día luego de desayunar rapidito y para no molestar el descanso del hermano de Gastón, ya que era sábado y aprovechaban a dormir un poco más, partí, sin antes pasar por la casa de Gasti a saludarlo y agradecerle por la hospitalidad recibida; puse rumbo a Epuyén, subidas interesantes, pero se hacían amenas, porque cada media hora o cuarenta minutos me detenía para sacar la cámara y capturar esos hermosos paisajes, de varios ángulos, insistentemente al principio tratando de que se vean igual en la foto que con los ojos, y luego resignarme a que definitivamente no es lo mismo una foto que verlo con los propios ojos. Así pase por el Hoyo, una majestuosidad de pueblo al que se accede desde la ruta en un textual descenso a un hoyo rodeado de montañas, y continuar la ruta por un hermoso valle que obligadamente al final debería desembocar en unas subidas para salir de allí y serpentear las montañas ahora en subida y alcanzar el pueblo de Epuyén, que me sorprendió gratamente el leer un cartel que decía “Bienvenidos a Epuyén, una localidad que aprecia más la vida, que el oro!”, entonces aproveche, me detuve y luego de la foto obligada me almorcé unos sándwiches de mortadela y queso y unos ricos mates, ya que el pueblo estaba más arriba, a pasitos pensé yo, pero entonces aquí ya luego de una larga subida de casi hora y media llegué a una estación de servicio donde consulté para armar la carpa y me dejaron pero armarla en el piso del estacionamiento atrás, ya que el dueño no quería sobre el césped, ya cansado y sabiendo que al día siguiente me quedaba un tramo de más subidas opte por esperar que se vaya el sol, armar la carpa y dormir. Fue así que al programar la alarma del celular veo que el cuartel de BBVV estaba a dos cuadras de la estación de servicio, pero como ya tenía todo armado decidí pernoctar ahí mismo. Noche tranquila sin sobresaltos, bien abrigado de antemano, logré pasarla casi sin frío en esta oportunidad, armar todo nuevamente y volver a la ruta una vez más. Según los mapas del celular tenía todo subida, hasta el desvió de la ruta 40 hacia el oeste, rumbo a Cholila, y así fue, con mucha paciencia y tranquilidad arremetí contra lo que recuerdo al menos dos subidas largas, una con curva y contra curva, la última prácticamente en línea recta y a descansar junto a los carteles que rezaban Cholila a 30 km, empezaba a emocionarme, dimensionar lo cerca que estaba de completar otro más que importantísimo tramo y llegar a un lugar donde tendría techo por unas semanas y podría descansar, aunque sea los domingos, y dejar de lado un tiempo la costumbre de tener la incógnita diaria de donde dormiría. Pero vuelvo rápidamente a la realidad, sacudo esos pensamientos y me concentro en lo importante, aun no llegue a destino, y no estoy ajeno a tener cualquier percance que pueda en un segundo arruinar todo lo previsto hasta el momento, asi que seguimos, sin prisa, pero sin pausa, como dicen. En este tramo hay más bajadas, son las que me llevan al valle y se pueden divisar las enormes montañas a ambos costados míos, vuelvo a detenerme en varias oportunidades para sacar fotos, innumerables paisajes, y no dejo de asombrarme de cómo voy con la bicicleta avanzando entre esos gigantes en dirección al pueblo. Faltando unos 12 km y viendo que es la última bajada hacia el valle me detengo viendo al costado una gran roca en forma de sillón, ya no encuentro sombra de árboles más que algunos pinares, pero del otro lado del alambrado, por lo que aprovecho la roca al menos para sentarme, comer unos sándwiches y unos mates. El sol se hace sentir, y no voy a negar que está bastante fuerte, pero no hace tanto daño como se suele sentir más al norte. Al reincorporarme al camino, y luego de una hermosa bajada en zigzag, descubro que quedan unas  subidas no tan bruscas para recién después acercarme al pueblo. Está ubicado en un lugar privilegiado del valle, la verdad es un lugar que atrae con la vista, con unos paisajes de película, sacados de un libro de cuentos. Sigo mi celular, y me marca el Hostel en el medio de un campo que no tiene nada, y es asi que preguntando a gente del lugar logro llegar al Hostel, luego de ir de una punta hasta otra del pueblo, pero en fin, me reciben dos chicas francesas que también estaban haciendo voluntariado (Wwoof), Helena y Violeta, estaban trabajando en una zona del invernadero y me llamo la atención ya que era Domingo. Más tarde llegarían dos chicas que se estaban hospedando allí, que son de Buenos Aires. Conozco a Darío y Laura, propietarios del lugar, me dieron la bienvenida y cenamos todos juntos, ya ni recuerdo que, pero seguramente alguna pasta. Provisoriamente dormiría en una especie de entrepiso que se utilizara para hacer yoga y micro cine en la temporada, es en la ampliación del hostel, esa noche me cuesta dormir, como de costumbre, ya que son un montón de diapositivas y sensaciones que se acomodan, archivan e imprimen en mi mente.

Al otro día no puedo creer lo que descubro con la claridad, a través de unos grandes ventanales que tiene la habitación donde estoy puedo ver hasta el final del valle, las montañas iluminadas por los primeros rayos del sol y donde empiezan las nubes que van tapando al fondo el comienzo de la cordillera, simplemente majestuoso, levantarse con esa vista ya adiciona un gustito especial al comienzo del día y la semana. Luego de un desayuno pausado, cargar unas cosas en la camioneta y armar mi mochila con agua, gorra y ropa de trabajo acompaño a Darío hasta su cabaña, que está en un cerro hacia el Lago Mosquito, del otro lado del pueblo, dejamos la camioneta del otro lado de un arroyo, ya que el caudal es importante y la correntada también, subimos caminando con las cosas a cuestas, una interesante subida que alcanza a agitarme bastante, y una vez arriba quedo maravillado con todo. Primero una casita hecho de adobe, maderas, chapas cartón, hecho por antiguos voluntarios, con cocina, lugar para tres camas pequeñas y hasta un invernadero pequeño adentro, lo que genera algo de calor; seguido un baño seco y más adelante una casilla de máquinas y al lado de la cabaña principal una casa de herramientas pegada a una casilla de extracción de miel que esta mas nueva y construida más prolijamente, adivino quizás porque como comercializan la miel deberían cuidar ciertas normas al respecto. La cabaña principal se fue haciendo en etapas, tiene dos pisos, y la verdad es muy sólida y calentita adentro, tiene en el living principal una pared vidriada que da al lago, y la verdad es una vista soñada y no tiene precio, simplemente espectacular. Seguido viene una bajada entre las tupidas mosquetas hasta llegar al Lago, allí hay un bote pequeño atado con candado, que se usa para pescar. Aquí arriba es donde ayudare en tareas varias, de jardín, o mantenimiento y espero pasar hermosos días, junto a Tronco, Chapa y Lenga, los perros del lugar, mas allá del frio que aún no se quiere ir, definitivamente el paisaje va a ser lo que me alimente el alma en estas semanas, ya que al subir o bajar, volver al Hostel caminando por el pueblo, a veces cuesta creer que estoy  en este lugar, pienso una y otra vez como se van sucediendo las cosas o si uno es quien realmente hace que las cosas sucedan, pero eso sí, sé que aún hay muchas más cosas, momentos, personas y lugares nuevos por conocer!!!!.

Hasta la próxima!!!

“Se hizo esperar, pero la Patagonia al fin llegó …”

Enseguida tuve que dejar un poco de lado las emociones que me generaba, no sólo estar en Bariloche una vez más, sino la manera, el vehículo y las circunstancias en las que arribé en esta oportunidad, con más razón se me llenaban los ojos de lágrimas, porque no fue tarea para nada sencilla. Lamentablemente las foto en el Centro Cívico y aledaños quedarán para otra vida, porque pase de largo y no creo que regrese, en fin, en la casa ciclista de Coco hay en el fondo una parte del terreno que tiene un domo muy grande, que aún le falta ultimar detalles de cerramiento y el baño, por lo que allí solamente duermen los viajeros, y utilizan el baño, cocina y living comedor de la casa principal, eso sí, hay que entrar sin zapatillas y ayudar a mantener el orden y la limpieza, cuestiones que un viajero conoce a la perfección. Aquí me encuentro con Taneli que es de Finlandia, hace Bikepacking y partió de su ciudad hace 3 años y medio, recorrio Europa, Asia e Indonesia, y llego en avión a Ushuaia hace unos 6 meses ya que trabajo en Tolhuín un tiempo en la panadería de la Casa Ciclista en esa ciudad, es delgado, habla muy poco español y prácticamente nos comunicamos en inglés, me cuenta entre algunas cosas que no viaja por rutas sino más bien por caminos vecinales o huellas, que logra explorar desde su iPhone por medio de una App llamada MapOut, que dicho sea de paso está muy pero muy buena, actualmente se quedó sin dinero por lo que está viendo qué posibilidad tiene de encontrar algunos sponsors para poder continuar su viaje con destino final Alaska. Cerca del anochecer llega del centro el amigo Honza, quien es de República Checa y hace un año que viene viajando aproximadamente, ronda los treinta y pico y habla menos español aún que Taneli, pero es más entusiasta y esa misma noche después de cenar nos mostró en su notebook fotos de su país y alrededores, al mismo tiempo que nos convidaba pasta frola que compró por la tarde, ya que al otro día seguía viaje hacia el sur. Esa noche hizo bastante frío y con mi bolsa de dormir que no es lo suficientemente abrigada aún con el Vivac, pase un poco de frío, y al día siguiente aproveche a lavar una muda de ropa y comunicarme con Gastón, un amigo del interior del Chaco que se fue a trabajar a El Bolsón y a quien visitaría en unos días, Coco me comento que debía ir a un curso a unos kilómetros de este pueblo asi que me vendría bien una ayudita. Aproveché a llevar a una bicicleteria mi bicicleta a ver si podía solucionar que un tornillo del porta equipaje que va al cuadro se me corto quedando la mitad del tornillo metido en el cuadro, cosa que lograron quitarlo, pero la rosca quedo mal y el tornillo no ajusta, se debe a que llevo demasiado peso, ya que el porta delantero de un lado se me corto el hierro junto a una costura de soldadura, pero eso lo voy a atender una vez que llegue a Cholila ya que me detendré unas semanas allí. Pasé el día admirando las montañas, el lago, respirar ese aire, tratar de darme cuenta de donde me encontraba, tantas ganas que tenía de caminar, andar en bici, recorrer, perderme en esos senderos, caminos, tapados de árboles y con subidas y bajadas constantemente, bueno, allí estaba, contentísimo y desbordaba felicidad, por fin La Patagonia. Al día siguiente cerca del mediodía subí la bici con todos mis bolsos a la camioneta de Coco, y partimos al Sur, nos acompañó Taneli, quien iba a pasear a El Bolsón, ni bien salimos de Bariloche empecé a emocionarme, Villa Catedral, el acceso a el Cerro Tronador, el Lago Gutiérrez, ese camino es mágico, esas montañas tan cerca, llenas de nieve, resguardadas por los lagos, cubiertas de bosque, sinceramente no recuerdo que hablaban en la camioneta, veníamos charlando en ingles asi que puse mi mente en castellano y me perdí unos minutos mirando al costado del camino, por un lado me entristecía no pedalear ese tramo, pero a su vez llegaría a Cholila que me esperaban hace una semana. Al llegar a El Bolsón armé la bici y fui a la Brigada de Incendios Forestales, consulte si recibían viajeros y podría quedarme esa noche y recibí negativas ahí como en el cuartel de Bomberos Voluntarios más al centro, un poco me lo imaginé debido a que es un pueblo de mucho tránsito de mochileros y viajeros, y no pueden estar alojando a medio mundo. Fui hasta casi el otro lado del pueblo a visitar a mi amigo Gastón y luego de una charla y mate poniéndonos al día y contándome de su nueva incursión laboral allí en El Bolsón, nos fuimos hasta la casa de su hermano, que amablemente acepto darme alojamiento esa noche en una pieza que tenía una cama de más, comimos unas pizas muy ricas, ducha calentita y a dormir que venía aún bastante cansado, y de paso aprovechar una cama calentita. Al otro día luego de desayunar rapidito y para no molestar el descanso del hermano de Gastón, ya que era sábado y aprovechaban a dormir un poco más, partí, sin antes pasar por la casa de Gasti a saludarlo y agradecerle por la hospitalidad recibida; puse rumbo a Epuyén, subidas interesantes, pero se hacían amenas, porque cada media hora o cuarenta minutos me detenía para sacar la cámara y capturar esos hermosos paisajes, de varios ángulos, insistentemente al principio tratando de que se vean igual en la foto que con los ojos, y luego resignarme a que definitivamente no es lo mismo una foto que verlo con los propios ojos. Así pase por el Hoyo, una majestuosidad de pueblo al que se accede desde la ruta en un textual descenso a un hoyo rodeado de montañas, y continuar la ruta por un hermoso valle que obligadamente al final debería desembocar en unas subidas para salir de allí y serpentear las montañas ahora en subida y alcanzar el pueblo de Epuyén, que me sorprendió gratamente el leer un cartel que decía “Bienvenidos a Epuyén, una localidad que aprecia más la vida, que el oro!”, entonces aproveche, me detuve y luego de la foto obligada me almorcé unos sándwiches de mortadela y queso y unos ricos mates, ya que el pueblo estaba más arriba, a pasitos pensé yo, pero entonces aquí ya luego de una larga subida de casi hora y media llegué a una estación de servicio donde consulté para armar la carpa y me dejaron pero armarla en el piso del estacionamiento atrás, ya que el dueño no quería sobre el césped, ya cansado y sabiendo que al día siguiente me quedaba un tramo de más subidas opte por esperar que se vaya el sol, armar la carpa y dormir. Fue así que al programar la alarma del celular veo que el cuartel de BBVV estaba a dos cuadras de la estación de servicio, pero como ya tenía todo armado decidí pernoctar ahí mismo. Noche tranquila sin sobresaltos, bien abrigado de antemano, logré pasarla casi sin frío en esta oportunidad, armar todo nuevamente y volver a la ruta una vez más. Según los mapas del celular tenía todo subida, hasta el desvió de la ruta 40 hacia el oeste, rumbo a Cholila, y así fue, con mucha paciencia y tranquilidad arremetí contra lo que recuerdo al menos dos subidas largas, una con curva y contra curva, la última prácticamente en línea recta y a descansar junto a los carteles que rezaban Cholila a 30 km, empezaba a emocionarme, dimensionar lo cerca que estaba de completar otro más que importantísimo tramo y llegar a un lugar donde tendría techo por unas semanas y podría descansar, aunque sea los domingos, y dejar de lado un tiempo la costumbre de tener la incógnita diaria de donde dormiría. Pero vuelvo rápidamente a la realidad, sacudo esos pensamientos y me concentro en lo importante, aun no llegue a destino, y no estoy ajeno a tener cualquier percance que pueda en un segundo arruinar todo lo previsto hasta el momento, asi que seguimos, sin prisa, pero sin pausa, como dicen. En este tramo hay más bajadas, son las que me llevan al valle y se pueden divisar las enormes montañas a ambos costados míos, vuelvo a detenerme en varias oportunidades para sacar fotos, innumerables paisajes, y no dejo de asombrarme de cómo voy con la bicicleta avanzando entre esos gigantes en dirección al pueblo. Faltando unos 12 km y viendo que es la última bajada hacia el valle me detengo viendo al costado una gran roca en forma de sillón, ya no encuentro sombra de árboles más que algunos pinares, pero del otro lado del alambrado, por lo que aprovecho la roca al menos para sentarme, comer unos sándwiches y unos mates. El sol se hace sentir, y no voy a negar que está bastante fuerte, pero no hace tanto daño como se suele sentir más al norte. Al reincorporarme al camino, y luego de una hermosa bajada en zigzag, descubro que quedan unas  subidas no tan bruscas para recién después acercarme al pueblo. Está ubicado en un lugar privilegiado del valle, la verdad es un lugar que atrae con la vista, con unos paisajes de película, sacados de un libro de cuentos. Sigo mi celular, y me marca el Hostel en el medio de un campo que no tiene nada, y es asi que preguntando a gente del lugar logro llegar al Hostel, luego de ir de una punta hasta otra del pueblo, pero en fin, me reciben dos chicas francesas que también estaban haciendo voluntariado (Wwoof), Helena y Violeta, estaban trabajando en una zona del invernadero y me llamo la atención ya que era Domingo. Más tarde llegarían dos chicas que se estaban hospedando allí, que son de Buenos Aires. Conozco a Darío y Laura, propietarios del lugar, me dieron la bienvenida y cenamos todos juntos, ya ni recuerdo que, pero seguramente alguna pasta. Provisoriamente dormiría en una especie de entrepiso que se utilizara para hacer yoga y micro cine en la temporada, es en la ampliación del hostel, esa noche me cuesta dormir, como de costumbre, ya que son un montón de diapositivas y sensaciones que se acomodan, archivan e imprimen en mi mente.

Al otro día no puedo creer lo que descubro con la claridad, a través de unos grandes ventanales que tiene la habitación donde estoy puedo ver hasta el final del valle, las montañas iluminadas por los primeros rayos del sol y donde empiezan las nubes que van tapando al fondo el comienzo de la cordillera, simplemente majestuoso, levantarse con esa vista ya adiciona un gustito especial al comienzo del día y la semana. Luego de un desayuno pausado, cargar unas cosas en la camioneta y armar mi mochila con agua, gorra y ropa de trabajo acompaño a Darío hasta su cabaña, que está en un cerro hacia el Lago Mosquito, del otro lado del pueblo, dejamos la camioneta del otro lado de un arroyo, ya que el caudal es importante y la correntada también, subimos caminando con las cosas a cuestas, una interesante subida que alcanza a agitarme bastante, y una vez arriba quedo maravillado con todo. Primero una casita hecho de adobe, maderas, chapas cartón, hecho por antiguos voluntarios, con cocina, lugar para tres camas pequeñas y hasta un invernadero pequeño adentro, lo que genera algo de calor; seguido un baño seco y más adelante una casilla de máquinas y al lado de la cabaña principal una casa de herramientas pegada a una casilla de extracción de miel que esta mas nueva y construida más prolijamente, adivino quizás porque como comercializan la miel deberían cuidar ciertas normas al respecto. La cabaña principal se fue haciendo en etapas, tiene dos pisos, y la verdad es muy sólida y calentita adentro, tiene en el living principal una pared vidriada que da al lago, y la verdad es una vista soñada y no tiene precio, simplemente espectacular. Seguido viene una bajada entre las tupidas mosquetas hasta llegar al Lago, allí hay un bote pequeño atado con candado, que se usa para pescar. Aquí arriba es donde ayudare en tareas varias, de jardín, o mantenimiento y espero pasar hermosos días, junto a Tronco, Chapa y Lenga, los perros del lugar, mas allá del frio que aún no se quiere ir, definitivamente el paisaje va a ser lo que me alimente el alma en estas semanas, ya que al subir o bajar, volver al Hostel caminando por el pueblo, a veces cuesta creer que estoy  en este lugar, pienso una y otra vez como se van sucediendo las cosas o si uno es quien realmente hace que las cosas sucedan, pero eso sí, sé que aún hay muchas más cosas, momentos, personas y lugares nuevos por conocer!!!!.

Hasta la próxima!!!

“La Pampa.. interminable …”

Al entrar a esta nueva provincia me invadió una gran felicidad, como hace rato no lo sentía, pedaleando quizás las primeras semanas donde todo era nuevo, asi mismo fue que llegue a Victorica, el primer poblado de La Pampa, pueblo pequeño y con mucho movimiento vehicular debido al paso obligado por allí ya que las demás rutas que pasan por Santa Rosa están cortadas por las inundaciones que hay en la zona que limita a provincia de Bs.As., consulto en una Ypf para poner la carpa y me sugieren enfrente en un predio con parrillas y bancos que pertenece a la secretaria de turismo, allí armo la carpa, me ducho en la Ypf y me preparo unos fideos, sorprendido al caer la noche ya que la temperatura bajo a los -5 y me agarro casi desprevenido, pero medianamente acostumbrado. Luego de una noche fría y tranquila me despierto para desayunar y notar que lloviznaba, ese momento en que se decide si desarmar todo rápido y buscar un techo o aguantar el día con la carpa armada y las cosas adentro, en este caso se largó en la mitad del proceso y tuve que llevar las cosas bajo el techo de la oficina de turismo en dos tandas, por suerte las mujeres que trabajaban allí me invitaron a pasar a tomar unos mates calentitos porque afuera estaba mojado y hacia demasiado frio, demasiado….. El pronóstico no era alentador, y lo que me quedaba por delante eran distancias largas con posibilidad de tener que dormir al costado del camino por no llegar a ningún poblado, entonces me consiguieron un departamentito, La China, donde me quede dos días, aproveche a descansar y lavar la ropa que tenía sucia, reaprovisionarme y tuve una entrevista en una radio del pueblo donde fui a consultar por algún vehículo que saliera con rumbo Neuquén y aledaños que me llevara y ahorrara unos buenos kilómetros ya que me esperaban en Cholila para trabajar en un Hostel, también me hicieron una nota en un medio gráfico con el mismo objetivo, conseguir un aventón. Sin suerte pero bastante descansado, partí el día sábado a la mañana no del todo seguro de lo que encontraría por delante, lo de siempre, viento, fue un tramo muy pero muy duro hasta el paraje El Durazno, allí me encontraría con dos policías solamente, que me cuidarían hasta el otro día, que comenzó temprano, con mucho frio, una subida tremenda y viento en contra, por lo que demore en esos primeros 3 km dos horas, cosa que hace mella en el ímpetu de cualquier persona, pedalear con semejante peso y todo en contra, pero debíamos demostrar de que estábamos hecho. Asi fue que llegue a Chacharramendi, completamente exhausto y destruido mentalmente, armaría la carpa para al día siguiente hacer dedo, ya me quedaban por delante 200 km de la nada misma en la ruta del desierto y los días contando. Tuve la suerte de encontrarme temprano con una camioneta del municipio de 25 de Mayo, que se dirigían a Sta. Rosa y volvían al mediodía, me llevarían, arme todo súper contento y me fui a la ruta a esperar, paso el día y puse como límite las 18 hs, y asumí que no iban a pasar, me retire a donde había armado la carpa a las 17:30, pase todo el día al costado de la ruta sin suerte, me puse a reparar una rueda pinchada cuando veo por la ruta pasar la camioneta blanca, a escasos 150 mts, agite los brazos, camine 3 pasos y casi con lágrimas en los ojos vi cómo se alejaba, no podía creerlo, en un santiamén pase de estar 200 km más adelante y solucionado el trayecto del desierto a estar armando la carpa en el mismo lugar que la noche anterior y sin tener solucionado el pedaleo del día siguiente. Pero bueno, al día siguiente lo tome como que debía pedalearlo, encare los 57 km hasta la Reforma, ultimo pueblo antes de la nada, tuve suerte de no tener viento, y pasado el mediodía llegue al pueblo, consulte con un camionero pero nada, volví a la estación de servicio y un camioncito con un carrito de una gente local milagrosamente se dirigían a buscar colmenas a Gral. Roca, allí entendí porque las cosas pasan, luego de caminos de tierra, charlas, llegamos a Roca y nuevamente debía buscar donde pasar la noche, inmensamente agradecido al señor Norberto Neimann por el empujoncito, y me dijo que debía escribir que lo hice en camión a esos kilómetros jejeje, asi fui preguntando y me rechazaron en la policía, caminera, estaciones de servicio y al dirigirme a los bomberos pincho en pleno centro, paro en la vereda, desarmo todo y aparece un muchacho con bici y alforjas, como caído del cielo, me comenta que viene de Bariloche donde vive y se dirigía a Bs.As. a visitar fliares, le comento que me iba a los bomberos y me consulta si me puede acompañar a lo que le digo que sí, que se venga, asi llegamos a los bomberos voluntarios donde pregunto y quedan en responderme al volver el jefe, y como les hablo que estuve en el cuartel de San Javier mucho tiempo un poco logro convencerlos y nos dejan en el fondo, en una casita donde nos bañamos y cocinamos unos fideos y dormimos al menos yo totalmente destruido. Asi fue que nos levantamos al otro día y partimos en direcciones opuestas, pero con el alerta meteorológico que había por ráfagas de viento a mí se me hizo imposible pedalear, en dos oportunidades me freno y tiro al costado de la ruta, por lo que solo pude llegar a Allen y como se me corto un rayo busque una bicicleteria para solucionarlo, y luego ir al polideportivo municipal que me consiguió el contacto Mario Pulguini y pude quedarme dos días hasta que pasara el temporal de viento que obligó a suspender todas las actividades en la zona.
Asi fue que arranque nuevamente, pase Neuquén y tuve que hacer noche al costado de la Ruta en Senillosa cerca de la policía caminera, al día siguiente pedalee hasta Villa el Chocón y arme la carpa en un hermoso camping al costado de la ruta y al día siguiente me dejaron armar la carpa en el predio del cuartel de bomberos de Picun Leufu, estos tramos sufrí nuevamente el viento y ya sentía el cansancio acumulado, pero parecía que no iba a llegar nunca a destino. El tramo siguiente hasta Piedra del Águila era con muchas subidas fuertes, pero mágicamente conseguí un señor en camioneta con un carro para vacas que iba hasta 20 km antes de donde yo iba. Por supuesto me quedo una subida eterna en la represa de Pichi Picun Leufu que demore casi dos horas en subirla, para llegar a Piedra, me dijeran que no en los bomberos, en la policía y termine en un hospedaje muy cómodo y aproveche que al otro día nadie me quiso levantar asi descanse otro día mas. Al siguiente si, encare las subidas, eran casi 80 km hasta un puesto de control caminero y después otros 120 a Bariloche, ya a media mañana sentía que no iba a llegar, subidas interminables que se abusaban de mi acumulado cansancio y devastamiento mental a esta altura, pero milagrosamente pasado el mediodía unos cuantos metros adelante pasando una curva una camioneta giro volvió y de nuevo giro al mismo sentido y bajo el vidrio asi que me detuve y me dice que vio el cartelito que decía Bariloche, que él se dirigía allí, por supuesto, no podía creer, de la nada me encontré en Bariloche, habiendo avanzado un buen trecho que me iba a demorar unos dos días seguramente, si no es que más, pero aquí aun debía manejar y contener la emoción de pisar esta ciudad que tantas veces me recibió y que me encanta, esas montañas aun cargadísimas de nieve, y tratar de encontrar la Casa de Ciclistas de Coco fue un tema también ya que una calle que tome era tan en subida que caminando empujando la bici me resbalaba y no la podía subir, luego de tanto sufrimiento al fin llegue y sentí como se cumplió un gran pero gran tramo de lo que ya se estaba convirtiendo en un vivir más que en solo un viaje, empezaba a sentirme viajero a esta altura, rodeado de otros ciclistas, que ya les contare en detalle.
Hasta la próxima!!!

“Al que quiere celeste …”

El salir de Merlo no fue mucho problema, los primeros km fueron con una leve pendiente en descenso hasta llegar a la zona de Cortaderas, aquí la ruta de la Costa se aproxima a las sierras y se hace más lindo el paisaje, pero en bici se sufre más, peor estando cargado, el primer día paso sin sobresaltos y renovando la felicidad de sentir el viento en la cara, en lugares que nunca habría imaginado llegar en bicicleta pasan las horas, pasan los pueblos y llego a Villa del Carmen, desde donde ya me quedaría a un buen trecho el siguiente pueblo por lo que entro al pueblo, averiguo y voy hasta el camping, cerrado, Comisaria, cerrada, iglesia, abierta, pero sin nadie en los alrededores, entonces me siento en la plaza y me hago unos mates, hasta las 17:30, hora prudencial para abrir la comisaria, pero permanece cerrada, preguntando llego a la casa del encargado del camping, la señora amablemente me avisa que vaya nomas, ella iba en un rato a abrirme y mostrarme las instalaciones, arme la carpa, ducha semi tibia, pero ducha al fin, una sopita con arroz y al sobre…… Hasta aquí todo en orden, pero…… me despierta el viento a las 4:30 de la mañana, muy muy fuerte, empieza el proceso de aguardar, levantar todo, a donde me resguardo, etc., etc….. Salgo de la carpa a las 5:50 y veo del sur casi donde terminan las Sierras una nube tremendamente negra que cubría todo el horizonte, decido iniciar operativo huida, llevo los dos primeros bolsos al baño y al volver hacia la carpa empiezan a avanzar nubes bajas tipo bancos de niebla y ya se comienzan a tapar las sierras, pronostico una ventana de media hora que me daría tiempo a resguardar y desarmar todo, pero apurándome y todo las ultimas cosas las agarre como pude y me metí al baño cuando ya se largó una llovizna que con el viento parecía un rociador gigante, a la hora se largaría el temporal que aun dentro del baño sentía el frio, pero gracias a dios estaba seco. La tormenta de rápido como vino, también se fue, pero el viento no paro, acomode todo, y opte por salir, cruce el pueblo, Salí a la ruta, avance 80 metros y el viento me movió para un lado, para el otro, sostuve el manubrio fuerte, me saco a la banquina, apoye los pies, y me seguía empujando hasta que me tiro al costado con bici y todo, impresionante…… Unos hombres que estaban revisando un transformador y torre de alumbrado vieron toda la escena y también fueron testigos de cómo di vuelta la bici, y con algo de viento a favor volví al pueblo, y pensando nuevamente en la logística volvía hacia el camping para meterme dentro del baño, único lugar resguardado algo del fuerte viento. Asi transcurrió el día, dormí ahí mismo y fue mucho el frio que hizo, ya al otro día se calmó un poco pero seguía frio y nublado, lo que hacía que la temperatura se sienta más. Y al final partí, rumbo a Juan Jorba, se empezaban a ver cómo iba desapareciendo las sierras, cambiaba el paisaje y se hacía más largas las lomadas, pero ahora el viento seria mi nuevo enemigo. Llegue al pueblo en plena siesta y no existían muchas opciones para pasar la noche y amablemente me cedieron lugar detrás de una estación de servicio sobre la ruta y descanse de un día de mucho pedaleo. Al día siguiente me tocaría acercarme a Villa Mercedes, cosa que no deseaba, pasar por ciudades grandes, solo rodearla por las circunvalaciones, más el viento me demoro hora y media de pedaleo, encarar la autopista y rogar tener buen viento de cola, cosa que no sucedería por varios días. Al llegar la tarde quede a 25 km de Buena Esperanza y tuve que armar la carpa al costado de la autopista, cosa que logre conseguir un lugar medio escondido pero como había muchas espinas opte por hacer vivac, cosa que alrededor de las 23 tuve que modificar por unos relámpagos que se venían y armar la carpa en la oscuridad y prepararme para una noche movida. Aparte del frio que pase y un auto que freno de madrugada y arrojaron una botella cerca de donde yo estaba y gritaron no sé qué cosa, no tuve mayores sobresaltos, claro está, me invadió la felicidad al salir de la carpa en medio del frio y encontrarme con la rueda de atrás totalmente desinflada. Relajadamente me tome mi tiempo y cambie la cámara, desarme la carpa y tuve que llevar todos los bolsos para armar la bici al costado de la ruta, y descubrí que no estaba cerca justamente. Partí a las 12 del mediodía, pedaleando con tranquilidad sabiendo que el próximo pueblo estaba cerca, allí acampe al costado de una casa detrás de una estación de servicio y empecé a sentir el viento que me iba a ayudar de a ratos. Al día siguiente también fue una corta etapa de pedaleo y ya acampe en Nueva Galia, también al frente de una estación de servicio, y pase un domingo más que relajado. Seria al partir al día siguiente que tuve que dirigirme hasta la planta purificadora de agua para recargar las botellas que llevaba conmigo ya que en toda esa zona el agua es muy salada y no aconsejan beberla. Pedaleando casi todo el día en solitario y de a ratos con viento en contra, entre al último tramo de la Provincia de San Luis y llegue cerca de las 18 al peaje de Anchorena, allí consulte si me convenía entrar allí o en Arizona que estaba unos km más adelante, a lo que Diego que trabajaba allí me sugiere que arme la carpa detrás del peaje, charlamos un buen rato y él se iría a jugar al futbol para volver cerca de las 21, me consulta amablemente si necesitaba algo, y le encargo un poco de pan solamente. Armo el campamento y me hago unos fideos, al volver Diego, ya que su señor cubría la guardia siguiente, no solo me trae pan, no me acepta que le pague y me obsequia dos paquetes de fideos, tres paquetes de galletitas saladas y un paquete de galletitas Fauna, la verdad un gesto gigante que me lleno de felicidad. Luego la noche me trataría mal nuevamente el viento se puso más fuerte y se largó la tormenta. Pero mi regocijo fue mayor aun cuando al otro día pasada las 10 de la mañana me envía un mensaje Diego que me iba a buscar las cosas en el auto y me llevaba a almorzar a la casa, que allí solo estaba mojándome y pasando frio. Yo lo seguí en la bici y me esperaba una polenta riquísima con salsa y carne, comida de hogar y siesta calentita, ducha tibia y cama calentita por la noche, sinceramente esas cosas que a uno lo alientan a seguir hacia adelante y nos avisan que aún quedan personas de un corazón inmenso en esta sociedad cada vez más voraz.
Al día siguiente debía partir, una vez que arme todo me despedí con un poco de tristeza y encare el tramo que me sacaría de San Luis para entrar a La Pampa, provincia de grandes distancias y mucho más desolada que las que venía pasando hasta ahora, pero ya les contare como me trato en el próximo post.

Hasta la próxima!!!

“Personas de un gran corazón …”

Después de tantos días de conocer la vida diaria del cuartel nunca creí que podría llegar a ser tan distinto lo que se imagina, de la realidad. Casi al mismo tiempo de empezar la temporada de incendios arrancaron los mismos, y pude ver en vivo todo el proceso, desde que prenden la sirena aérea, el arribo de cada uno de ellos desde sus trabajos o donde sea que se encuentren dejando todo lo que estén haciendo y poniéndose inmediatamente al servicio para salir a un lugar donde no saben con qué van a encontrarse……. Definitivamente es vocación, lo comprobé al regreso, el primero un incendio del otro lado de las sierras, zona Carlos Paz, y regreso a los dos o tres días, no recuerdo, pero si me quedo grabada la imagen de ver esos rostros, caras sucias, ojos totalmente irritados, la voz que sale como de una garganta con arena y en algunos la tos persistente, pero se nota también el cansancio acumulado en los cuerpos y ese gustito a labor cumplida. A los 2 días otro incendio ya en el siguiente poblado donde acuden también un grupo de aspirantes, algunos de ellos a su primer incendio y cuidados por sus superiores algunos reciben el anhelado “bautismo” convirtiéndose en la práctica en un bombero más, aquí se nota quienes vuelven descompuestos y totalmente cansados, sinceramente es una tarea hasta se diría heroica, y aun no puedo comprender como siguen existiendo personas que inician estos incendios sin ningún tipo de escrúpulos y a modo de diversión en muchos casos, lamentable.

Aprovechando la distracción arme la bicicleta y ensaye una especie de pre-despedida ya que me dirigí a Merlo, donde me esperaban en el Hostel Casa Grande para trabajar de voluntario durante el próximo mes, allí ayudaba a preparar el desayuno y luego realizaba tareas de mantenimiento y comencé a preparar una huerta, trabajando la tierra y armando un cerco perimetral, junto a otras tareas varias también claro está.

Por supuesto que volví al cuartel, ni bien tenía dos días libres juntos me escapaba en colectivo, cuando fui al cumpleaños de Elías, con quien me reí mucho ya que la costumbre es que se festejen 3 días seguidos jajaja, se imaginan como van quedando algunos, jajaja.;  o en bicicleta, como fue el último finde, que sinceramente fui a despedirme, pero no pude, solamente de mi amigo Facundo pude despedirme, de una manera extraña, porque no me agrada la situación, despedida para mi tiene sabor a cierre, a final, en este caso siento la necesidad de volver, no sé si a vivir (me encanto el pueblo y su gente), pero definitivamente a pasar unos días si, son un excelente grupo de personas y tienen un corazón muy muy grande. Fue asi que se dio que cuando se fueron a una exhibición aérea a la ciudad de Dolores, emprendí el regreso a Merlo, acompañado claro está con el grande de Pablo Romiti, con quien fuimos charlando de innumerables temas hasta La Paz, pueblo a 20 km, que para él fue como un paseo, acostumbrado a maratónicas jornadas de pedaleo.

Asi fue como continué en el Hostel trabajando esos últimos días, preparándome para la segunda etapa, luego de esta especie de meseta, donde aproveche para descansar algo y conocer excelentes personas, tanto en San Javier como en Merlo, donde el gran Gera González también me llevo a recorrer caminos que solo conocen los locales, y en el hostel pasar el día a día con Emiliano (ciclo viajero de bs as), Dani ( Ing. Agrónomo de Quines), Mateus de Brasil en la cabaña y claro también las chicas Flor, Julia, Anita, Alfonsina, Anessa, Cele, Sol, María, que junto a Collin el dueño del Hostel me dieron una cálida despedida cuando llego la hora de partir, hacia lo desconocido, donde aún no había pedaleado, y como yo lo había graficado, de la mitad del país hacia abajo, hacia esas largas distancias que serían el preludio de la hermosa Patagonia, que esperemos ya pueda ir contándoles más en el siguiente post….

Hasta la próxima!!!

 

“Volver, siempre es bueno…”

Después de varios micros (Villa Dolores, Córdoba, Resistencia) logro arribar a destino, algo estaba diferente, quizás el cristal con el que miro ahora, ya que no creo haber cambiado demasiado en este corto período de tiempo, aunque definitivamente uno ya no es el mismo.

Quizás uno de los peores motivos para volver sea participar de una mudanza, me encontré de golpe con un montón de energías negativas y se notó el cambio. De todos modos lo principal fue volver a los afectos, reencontrarme con mis padres, hermanos, sobrinos, amigos y conocidos en general. Divertirme a costa de algunos que me hacían pedaleando en las sierras cordobesas y de golpe se sorprendían al verme jejeje. Reuniones con amigos, grupos, conocidos, etc. Todo duro apenas un poco más que el saludo, ya que uno a veces piensa que se lo extraña más de la cuenta a uno, pero cada cual debe seguir con su día a día, por lo que enseguida comenzaron a brotar los deseos de volver a reencontrarme con mi bicicleta y continuar viaje.

Las semanas pasaron rapidísimo, y ya me encontraba nuevamente despidiéndome de mis familiares. Nuevamente micro va, micro viene y me encontraba llegando a Traslasierra, donde me fue a buscar Jóse con el Negro para llegar al cuartel donde pasaría unos días antes de entrar a trabajar a La Matilde. Los días siguientes me recordaría a mí mismo por qué deseaba volver, sin lugar a dudas en San Javier hasta podría decir que ya me conocen.

La semana siguiente ya me presente a trabajar en la Comarca Orgánica Biodinámica Finca La Matilde que se encontraba a unos 5 km de San Javier. Desde allí me llevaron a lo que sería mi nueva casa, entre las Tapias y Villa Las Rosas, una pequeña casa con unos corrales al borde de un campo sembrado donde se encontraban 35 cabras jóvenes y dos chivatos, de los cuales debería encargarme en el mes siguiente, soltándolas bien temprano un rato, dándoles de comer, dejarlas bien encerradas y recorrer los 7,5 km hasta la Finca en bicicleta, donde trabajaría en el Tambo ayudando con la limpieza de los corrales, alimentándolas, y en las primeras dos semanas que estuve también ayude en las pariciones. Me encontré con 165 cabras preñadas, lo que fue realmente un periplo enorme, a partir de las 17 se iban al medio del campo a parir, allí había que ir a buscarlas, traer con los respectivos cabritos y encerrarlos con su madre. En algunos casos asistir el parto, ayudando al cabrito a respirar y limpiarle un poco las vías respiratorias, ya que el resto se encargaba la madre. La verdad que fue una experiencia muy pero muy interesante. Obviamente el día a día se hacía pesado con el ir y venir de las carretillas que debía llevar y las diferentes labores que allí se hacían. Salía de allí exhausto a las 18 hs pero al bajar por el camino dentro de la Finca y ver los viñedos y al fondo las sierras iluminadas con los últimos rayos de sol y con el cielo azul de marco se me pasaba un poco y agradecía trabajar y estar en un lugar asi como ese. La última semana deje el tambo y realice tareas de poda de los viñedos, y también ayude a Pedro en la huerta, sinceramente me falto más tiempo para poder aprender muchísimo más de todo lo que él tenia para enseñarme de las verduras que allí se sembraban.

Esporádicamente en algún domingo que lograba madrugar y lavar mi ropa de trabajo iba a pasar el día al cuartel y un fin de semana fui con Damián Magris a visitar Pueblo Escondido en Merlo, nos acompañaron Gera (bombero de Merlo) y su hermano Emiliano y una vez arriba en el Filo esperamos a un grupo que venía de Villa María, la verdad pasamos un excelente día de trekking y nos reímos un montón. También en estas semanas que iba a veces al cuartel conocí algunos viajeros que pasaron por allí, Miguel Arrayas Márquez el español, que se cruzó con Santiago Sica que iba rumbo norte, también Emiliano Tupilojón de Bs As y Hernán Galindo también de bs as, que sería el único que seguiría allí a mi regreso.

Al cumplir un mes en La Matilde volví al cuartel, donde me esperaban con los brazos abiertos, aquí haría un poco de fiaca en comparación con el ritmo que llevaba en La Finca, aunque siempre hay algo para hacer en el cuartel. Se empieza a sentir movimiento al comenzar la temporada de incendios y ya les contare un poco sobre eso…..

Hasta la próxima !!!

“Adaptarse, relacionarse, reinventarse…”

Día a día voy mimetizándome en el cuartel, no sólo hasta el punto de llegar a ser uno más, sino a ser hasta inclusive parte de ellos, en las actividades diarias, comidas, tareas y también los acompaño a distintos actos, haciendo la cobertura fotográfica inclusive. Hasta podría decir que ya les entiendo casi todo lo que dicen cuando hablan, cosa que me venía costando por lo rápido que hablan. Voy conociendo más a fondo la problemática institucional y escasez de recursos, temática que se da en casi todo el país, los malabarismos que realizan para hacer su trabajo, más aún en la época de incendios, cosa que el ciudadano normal sólo ve en los noticieros cuando son de amplia magnitud y se pasa a otra cosa solo cambiando de canal cuando en realidad en el campo o la sierra ellos pasan varios días y hasta semanas peleándole a cada uno de los incendios que lamentablemente aún hoy en día hay varios cuyo origen es la mano del hombre. También hago salidas en bicicleta con algunos de ellos por los caminos de la zona a La Población, Achiras abajo, Yacanto, y tengo que sumar también una subida al Puesto Ferreyra en bici y otra más caminando con los aspirantes, un Domingo igual que la primera vez, aunque ahora con mucho más frío allá arriba y picoteando unas riquísimas empanadas que hizo la mujer de Hernán. Esta vez ya me encontró mucho más en estado y pese a haber subido a un ritmo más intenso que la primera vez, ahora no tuve que estar dos días sin poder mover las piernas, ya se podría decir que me estoy poniendo a tiro, vamos por más recorridos por estas hermosas sierras!!!

Respecto a mi viaje se puede decir que viene sufriendo varios ajustes, un poco lo que tenía en mente, recorrer la zona, aguardar el paso del invierno antes de ir más al sur, ya que el frío es interesante y aunque creo poder resistirlo, también creo que sería bastante duro seguir bajando, es por eso que tengo fecha para hacer un voluntariado en la Finca La Matilde en Julio recién por lo que tenía pensado quedarme por la zona hasta esa fecha, pero al parecer debo hacer un viajecito relámpago a Resistencia a atender unos temitas familiares y volver nuevamente a San Javier, pero va a tener que ser después del 2 de Junio (Día del Bombero), hasta he recibido amenazas de parte de algunos jajaja.

Una semana antes empiezan los preparativos, conseguir leña, limpiar los móviles, pintar el frente y demás paredes, sillas, mesas, el asado, para ese día hay que recibir a las escuelas primarias, jardines y atenderlos con chocolate caliente y facturas, luego del Acto donde se mencionan los ascensos y se entregan diplomas y certificados, desfilan las banderas y se canta el himno, hacen sonar una sirena aérea fuertísima que se usa excepcionalmente para alertar al pueblo la proximidad de un incendio o algún otro peligro y seguido a eso se suben algunos chicos de las escuelas a los distintos móviles que también sonando las sirenas salen del cuartel para dar una vuelta por el pueblo. Se ven las caras de felicidad de los niños y hasta también algunas maestras quieren subir a los móviles. Terminado el paseo se reúnen en el playón para que los aspirantes menores realicen un simulacro de rescate en un accidente entre un auto y una moto, controlando el fuego, asistiendo al conductor de la moto y retirando del vehículo al conductor del mismo. Pareciera ser algo normal, pero para ellos es la oportunidad de sacar a relucir lo que estuvieron estudiando, aprendiendo y practicando en las últimas semanas y (como dijo Bautista) no pasar vergüenza y dejar bien parado al Cuartel, cosa que lograron hacer a la perfección y hasta recibir aplausos. Se sigue con un espectacular asado para los presentes, vecinos, autoridades municipales y de la comisión y como no podía faltar al final karaoke y alguna que otra coreografía con baile más que simpática.

Esto no finalizo aquí, visitaron el cuartel los alumnos del turno tarde, y lo que parecería concluir el agasajo se reinicia con los preparativos por la tarde noche para un delicioso pollo al disco; menú que degustamos acurrucados en el comedor para poder hacer lugar a los artistas del conjunto Folklórico Halpamantay, que tiene como integrante al prodigioso Dabel, aspirante del cuartel con muy buen manejo del bombo, y del baile también.

Así rápidamente se terminó la cena, apuraron las últimas canciones ya que el grupo tenía otros compromisos y cuando aún nos picaban las manos del acompañamiento a cada tema, se largó la música, y se armó el baile. Todo tipo de ritmos, la verdad, y algunos bailaban más, otros menos, pero todos se divertían. Elías, Facundo, Emilio, Juan, Ezequiel, Jóse y Claudio que me hizo matar de risa todo el tiempo ya que es lo más parecido a Gasalla que vi, para cada canción tiene un ritmo o pasito. Una noche realmente sin desperdicios dónde todos la pasaron más que bien, yo particularmente me desperté al otro día con dolor en los abdominales de lo mucho que me reí, sinceramente hacía bastante tiempo que no me divertía tanto y ahora debo regresar, por un lado voy a extrañar a esta hermosa gran familia nueva que hice pero a su vez disfrutaré un pequeño tiempito de mi familia y amigos, a quienes tanto extrañé y a quienes luego voy a dejar de ver por un buen tiempo.

 

Hasta la próxima !!!

“Las montañas, ese eterno amor…”

Los días pasan rápidamente, tener el filo aquí cerca esconde el sol hasta casi las 9:30 de la mañana, sumado a eso el frío que baja de la sierra hace casi imposible pensar en arrancar temprano. Con el ir y venir de los aspirantes menores, bomberos y gente en general se va pasando el día. Actividades hay para todo el mundo, y de a poco voy observando y aprendiendo atentamente cada una de las tareas que se van suscitando en el cuartel, por supuesto colaborando y hasta prestando atención en alguna que otra capacitación teórica o práctica de los aspirantes.

También hay lugar para el ocio, y es un domingo que nos levantamos un grupo temprano para acompañar a unos bomberos que vinieron de Merlo y subir caminando hasta el Puesto Ferreyra. Desde el pueblo son unos casi 7 km en dirección al filo, subiendo bastante por un sendero hacia la base de la ladera del Cerro Champaquí, el pico más alto de la provincia de Córdoba. Llevo mochila, cámaras, ropa, y alguna que otra cosa más, la cuestión es que a medida que entro en calor y voy metiendo la ropa en la mochila, me voy arrepintiendo lentamente de haber traído conmigo todo ese peso. Trato de no perderles el paso y seguirles el ritmo, cosa que me significaría estar 3 días después con los muslos contracturados costándome subir las escaleras y todo, pero en fin, se debe a que hace casi dos semanas no pedaleo y de caminar y encima en este tipo de cuestas con piedras sueltas y todo, no tengo recuerdo de cuándo habrá sido la última vez. Luego de 2 horas de caminata intensa e ininterrumpida llegamos al Puesto, se encuentra en una planicie al pie de la montaña, se siente como baja significativamente la temperatura, ya que los picos están cubiertos de nieve, espectáculo que venimos admirando desde casi el comienzo del sendero, magnificado por el sol que, gracias a Dios, es el único protagonista de un cielo totalmente azul fuerte durante todo el día. Allí nos reciben más que cordialmente Hernán y su señora, ya lo conocen a Jóse quien ya ha perdido la cuenta de las veces que ha subido e inclusive pasado la noche allí. Nos agasajan con mate, pan casero y un dulce/mermelada de damasco riquísima, luego nos comentaría José Luis que son unas personas más que atentas y que siempre atienden muy, pero muy bien a las personas que llegan hasta allí. Luego de unos ricos mates un grupo pasa detrás de la casa, cruzamos un alambrado y luego de un arroyo iniciamos una subida en una especie de quebrada hasta unas piedras, que recién la segunda vez que voy al Puesto logro dimensionar lo alto que se encontraban. Paramos a sacar fotos, las montañas parecen estar ahí encima nuestro, se las pueden tocar y aunque se elija la mejor cámara, nada se compara al ojo humano, y todo el contexto, nada de ruido, el calorcito del sol, el viento, sencillamente el combo perfecto. Al llegar a este conjunto de piedras ensayamos posturas y sacamos fotos, mirando más hacia arriba las montañas no terminan nunca, hacia el otro lado es lo más parecido a un balcón, se ve hacia abajo el pueblo, y hasta donde alcanza la vista pareciera ser la provincia de La Rioja, también claro está, la ciudad de Villa Dolores, Las Rosas, Las Tapias, El Dique del Embalse la Viña y Los Hornillos. Al regresar, hacía el Puesto, es todo bajada, y luego de otro par de mates saludamos y emprendemos el regreso, nos está esperando en el cuartel un espectacular guiso de lentejas. Se hace más amena y rápida la bajada y en medio camino tomamos otro sendero, que pasa por un arroyo, una arboleda y pedregal, saliendo a otro sendero muy pero muy pintoresco entre arboles que se convierte en asfalto sobre el ingreso al balneario y es allí donde Faku, uno de los chicos, se da cuenta que perdió el celular, teniendo que hacer el camino hacia atrás nuevamente, seguimos un tramo más y llegamos a la plaza y de allí al cuartel. No sentamos a almorzar y lo van a buscar al que faltaba, pero sin suerte, con las manos vacías, es recién a la tarde cuando llamamos a su numero y nos atiendo un señor cuidador de unas cabañas cercanas a donde lo perdió a el celular y se lo devolvió mas que amablemente en un noble gesto. De más esta decir lo sabroso que estuvo ese guiso, que al terminarlo fuimos y nos tiramos en unos colchones al solcito en el pasto y más de uno quedo rendido y a Bautista costo despertarlo inclusive, pero al final del día todos quedamos contentos con el paseo, yo más que contento, ya que luego de recordar nuevamente las imágenes y sensaciones de estar allí arriba, sentir esa conexión con las montañas, esa sensación de que a pesar de sentirme muy pequeño al lado de semejante obra de la naturaleza y de toda esa maza de piedra imponente, pareciera que se entabla una unión, que brinda paz, éxtasis, satisfacción y uno queda totalmente maravillado, es algo que me pasa cada vez que subo a una montaña, y espero poder seguir teniendo esa capacidad de admiración cada vez que vuelva a subir a una montaña nuevamente.

 

Hasta la próxima !!!

“Primera etapa del viaje, resiliencia a full, y conocer los Bomberos, una raza especial…”

Partí de Mina Clavero con las energías renovadas, además el paisaje sencillamente hermoso, Nono, una locura, Las Rabonas, pareciera poder tocar las Sierras con las manos, genera nostalgia y deseos de que mis seres queridos pudieran compartir y admirar conmigo estos lugares mágicos. Sigo y llego a Los Hornillos, aquí me topo con la Cuesta del Ciego, creo que así se llama, a bajarse de la bici y empujar, prácticamente no se puede estar parado erguido, te vas hacia atrás, pero una vez arriba se sigue pedaleando. Llego a Quebrada de los Pozos donde tenía alojamiento y por una u otra cosa decido seguir hacia Villa de las Rosas, para regresar por la tarde, pero veo que son todas bajadas, por lo que ya no volveré sobre mis pasos.

Llego e ingreso a conocer el Espacio Depurativo, día de ingresos motivo por el que no recibo mucha atención y vuelvo a la ruta, con la incertidumbre de donde dormir nuevamente, aquí ya se siente el frío un poco más y encima se nubla, amenazando lloviznar al menos. Sigo hasta la plaza, paso por la policía y me aventuro hasta los Bomberos Voluntarios que tenía marcado en la aplicación del mapa del celular, allí primero me dicen que el jefe vuelve a las 18, cosa que me acorta las opciones en caso negativo y voy hasta la esquina, mirando el celular para dirigirme hasta San Javier y me hacen señas desde el cuartel. Me dicen que puedo quedarme y respiro aliviado, anotan mis datos y no sólo me dicen que meta la bici con las cosas, sino que cuando les pregunto dónde armo la carpa me llevan arriba y muestran las instalaciones, cocina, baños, y una pieza que usan cdo vienen bomberos de afuera, todita para mí, bueno, y Chicote también que es el perro del cuartel. Luego de una ducha tibia ya que tenían calefón solar y no hubo mucho sol ese día, me siento renovado. Conozco a todos los que están en el cuartel, intercambiamos mates y luego de una cena rápida me desmayo en la cama, aunque sólo unas horas, cerca de la medianoche se escucha una tormenta, felizmente estoy calentito bajo techo, más que agradecido.

Al día siguiente, tenía que partir, solamente me dieron un día de permiso, llovía despacio, y estaba horrible el tiempo, pronosticaban que todo el día siga así, tuve que pedir permiso para quedarme un día más, ya que no podía pedalear así, más que por mojarme es por lo peligroso que se pone la ruta en esas condiciones.

Pasé el día mirando como practicaban los aspirantes colocándose los trajes estructurales y haciendo distintos ejercicios, me interioricé un poco en lo que significa ser Bombero y encima Voluntario, y capté como son una especie de gran familia, la verdad se respira solidaridad en estos lugares. Allí lo conozco a Atila, quien me comenta que al seguir mi viaje vaya al cuartel de San Javier (él vive entre Las Tapias y San Javier), allí sería más que bienvenido. Paso todo el día empapándome con todos temas de bomberos que hacen olvidarme un poco que ya cumplo este día un mes desde que salí de Resistencia, cosa que cuesta creer ya que se siente como si fuera hace mucho más tiempo que dejé mi ciudad. A dormir que mañana hay que seguir.

Muchísimo frío y niebla es lo único que se ve a menos de 100 mts en la calle, pero bueno, desayuno y alistar todo, decido partir e inauguro los guantes largos. En la ruta más neblina, prendo la luz trasera y freno antes de los 2 km para ponerme la campera impermeable, miro las mangas del polar, blancas, el rocío se congela, me abrigo bien y sigo, paso por el negocio del hermano de Atila y charlo con él, me muestra la huerta de orgánicos y la verdad un lugar muy lindo donde se nota el sacrificio que día a día hacen para tener buena mercadería. Me indican cómo llegar a una Finca cercana donde averiguo para hacer voluntariado en los meses de invierno, aún espero respuesta ya que vienen de todas partes del mundo y hay pocos cupos. Sigo unos metros y me detengo a tomar un mate, no se puede más del frío y lo mojado que estoy, de golpe veo cómo se va abriendo la neblina y desde el costado de la ruta al fondo diviso apenas una ciudad, debe ser San Javier estimo. A los pocos minutos, quedo deslumbrado, haciendo fuerza el sol, se va despejando y de no creer, las tremendas Sierras hacen un marco a la ciudad, sencillamente magnifica vista. Hacia adelante se ve una larga bajada, me abrigo bien y arranco el último tramo. Engañado visualmente lo que parecía una bajada es todo subida, sumado al sol que salió a pleno, hacen que me ría sólo de lo caprichoso del clima, salir con frío, lloviznando, totalmente abrigado, a estar a las dos horas con un cielo totalmente azul y pedaleando en remera mangas corta.

Sigo e ingreso al pueblo, rodeo la plaza, admiro la iglesia y sigo hasta la policía, allí doblo a la derecha y salgo de la ruta, una bajada pareja de tierra y piedras, que cuando la haga en sentido contrario va a ser recordada seguramente. Llego al cuartel, apoyo la bici en la entrada y voy ingresando, me reciben unos perros, y escucho ruido de cubiertos, miro la hora, 14:30, de un soleado sábado, me digo a mí mismo que llegue en el peor momento, el almuerzo, la mayoría en ese horario te dicen “no hay nadieee”, pero todo lo contrario, sale a recibirme José Luis, el jefe de bomberos, a quien le comento rápidamente de dónde vengo y a donde voy, y le pregunto para quedarme allí, amablemente me dice que pase, saca un plato, y luego de presentarme a todos los bomberos y aspirantes que estaban allí almorzando, me sientan y me sirvo una milanesas con arroz, dice José Luis “lo que hay en la mesa se comparte entre todos”, imagínense, era como llegar a un oasis, no recuerdo cuando fue la última vez que almorcé sentado y comida elaborada, a todo esto se suma que acto seguido meto la bici y me enseña una pieza en el fondo destinada a los viajeros, arriba del baño al lado del galpón de las autobombas.

La verdad que merece un párrafo aparte ésta casi semana que llevo aquí en el cuartel de San Javier, me hacen sentir uno más de esta hermosa cuasi familia que son, prácticas de los aspirantes, comidas y cenas compartidas, una tradición de las 17 hs el mate cocido (yerbiau) con pan, torta frita o lo que haya a mano, por supuesto que hay que colaborar en lo que sea, y también tengo que agregar una charla en una escuela primaria que acompañe a sacar fotos y filmar y una salida a buscar unas herramientas en el mismísimo camión autobomba, el sueño de todo niño, la verdad me sentía un niño de 10 años, y no podía creer las vueltas de la vida, pensando en que hacía yo allí arriba de un móvil de ese tipo y en éste lugar en el mundo rodeado de estas personas, que me trataban como si fuera alguien que conocían de hace mucho tiempo, no puedo más que agradecer infinitamente al jefe de bomberos José Luis y a todo el cuerpo (Faku, Jesu, Damián, Elías, Mariano, Rengo, Juan, Gordo, Pico e laucha, Mukombo, Bautista, ), que como son 40 dudo que llegue a conocerlos a todos en algún momento, pero quien dice, por ahí me quedo hasta el 2 de Junio que es su día y a lo mejor para los festejos vienen todos. Uno no comprende por qué en un pueblo tan pequeño son tantos bomberos, pero al conocer el manejo del jefe e ir conociéndolos uno por uno, vas comprendiendo lo especial que es el vínculo que se va formando y sinceramente estoy convencido de que el sólo hecho de haberlos conocido ya hace que definitivamente todo este viaje, esfuerzo y sacrificio hayan valido la pena.

Mientras tanto, a disfrutar, y compartir estos momentos con toda esta hermosa gente.

 

Hasta la próxima !!!

“Entre altibajos siempre hay un tiempo de calma, adaptarse, fluir, aprender…”

Partí entonces de Salsacate, ya con una actitud un poco más “demorada, relajada”, quizás en el tan ansiado modo viajero…. Detenerse cada 15 minutos, encarar las subidas con mayor serenidad, y recordándome a mí mismo a cada momento “mira Lucas, no te olvides de mirar a tu alrededor”. Es increíble cómo no observamos, ni admiramos nuestro alrededor, he viajado bastante en auto, siempre fui de mirar mucho, casi todo, muy detallista y tratando de captar cada detalle como si fuera una computadora, en bicicleta es impresionante como uno se vuelve parte del paisaje, siente olores, percibe temperaturas, escucha todos los sonidos, y en algunas oportunidades he asustado a algún ave, o pequeño animal, viajar sin hacer prácticamente ruidos es algo digno de ser experimentado.

Demoré en dejar el pueblo, me detuve a comprar un pan casero, mi nuevo vicio en este viaje y la nafta de mis piernas obviamente, en una casa donde tenían una gruta con un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, algo premonitorio ya que ahí pararía por la noche; luego de unas subidas suaves llegué a Taninga enseguida, desde allí se bifurca el camino, a la izquierda Carlos Paz, Tanti y a la derecha Villa de Pocho y lo que luego me enteraría que era los Túneles, lamentablemente no pase a conocer.

Desde allí el camino se pone muy accidentado y me toman desprevenido las subidas y me agoto enseguida, nuevamente, más mental que físicamente. Analizando llegar a Mina Clavero en un primer momento, de a poco voy reviendo ya que no voy a poder completar esa distancia en un día, viento en contra y muchas subidas, asi que de a poco voy revisando los potenciales lugares y no encuentro nada, aunque María Laura, quien me viene ayudando con la logística desde Resistencia, un poco porque tiene tiempo libre y otro porque inconscientemente va viajando y conociendo los lugares que voy visitando, jajaja, es chiste, labura a full, pero se hace un tiempito para tirarme coordenadas, una genia, que me había vaticinado, en medio de ambos pueblos, una iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la cual estaba cerrada, pero al lado una Ypf, que me dejan armar la carpa entre los árboles, previendo que iba a ser una noche con helada y todo, sería pasando el acceso a Ambull, en la zona de El Bañado.

Luego de una noche de las más frías, armo nuevamente la bici y después de un rico chocolate caliente arranco. Pedaleo tranquilo y con muchísimo frío, abrigado, pero aquí me doy cuenta de que la bici está más liviana o estoy mucho más entrenado ya, me tocan unos 3 km de planicie, con casi nada de viento, y con sorpresa veo que puedo mantener una velocidad de 24 km/h, cuando que al comienzo del viaje en iguales condiciones a duras penas llegaba a los 20 km/h.

Unas hermosas bajadas al llegar a divisar el filo y el cerro Champaquí a lo lejos me permiten detenerme y sacar la cámara, captando imágenes extraordinarias. Aquí se divisa el comienzo de las sierras casi desde Cruz del Eje hasta las altas cumbres, que tan imponentes se las divisa ya aquí. Luego de las últimas subidas, me encuentro con la panorámica vista de Villa Cura Brochero y Mina Clavero, fotos, me abrigo y me entrego a ese hermoso descenso, sin pedalear a más de 50 km/h, una sensación única en cada curva y contra curva. Paso toda la Villa en horario de siesta, el día nublado y frío, casi sin movimiento en las calles, llegando a Mina Clavero, me informo en Turismo y antes de ir hasta el camping que me sugieren está abierto, me aventuro hasta los bomberos voluntarios, que sorprendentemente me informan que no están autorizados a recibir gente y me indican un hotel que me puede llegar a hacer buen precio. Me llego hasta el Hotel El Porteño y hablo con una amable señora, una de las propietarias que me hace precio por esa noche. De vuelta a acarrear todos los bolsos a un primer piso, pero con unas escaleras más cortas, ya desde la calle tuve varios escalones que levantar lo que podía la bicicleta. Nuevamente me ataca la nostalgia, amplio patio, cubierto por un enorme parral de uvas y construcción antigua, muy parecido al que había en la casa de mi infancia. Aun siendo las 17 me doy una ducha caliente, ya que el baño quedaba en el patio y no quería esperar a que se haga más de noche por el frío que se iba a hacer sentir seguramente.

Actualizo la página pero antes averiguo bicicleterias para una revisadita a mi bicicleta que desde que partí ni siquiera la he tenido que inflar, en el camino caigo en una dietética y semillas van, semillas vienen, nueces, avena y otros alimentos que uso al desayuno agregado a unas bananas, y completo con un chino frente al hotel, apuro la cena y caigo rendido prácticamente sobre la computadora.

Al otro día la duda, llovizna nuevamente, muchísimo frío y los interrogantes de donde parar, hacia donde ir. Felizmente decido quedarme un día más, súper productivo, el amigo Enzo Pedraza me da el dato de un conocido suyo aquí en Mina Clavero, y llevo la bici a lo de su hermano, Lyon Bikes y paso a saludarlo a Pilo Gómez con quién charlo respecto a hacer Altas Cumbres para luego decidir bajarme de dicho tramo y dejar centro de Córdoba para otro momento y aventurarme hacia el hermoso valle de Traslasierra.

Ya con el cambio de cadena y todo perfectamente aceitado solo resta descansar y programarme a disfrutar de una de las mejores partes del recorrido, Traslasierra, al menos en cuanto a paisajes ya tengo satisfacción asegurada.

 

Hasta la próxima !!!

Page 1 of 3

Powered by WordPress & Theme by Anders Norén